El olivo es un cultivo considerado como de secano en todos los textos de agricultura previos a los años 90. Sin embargo, se puede afirmar con rotundidad que el aporte de agua de riego es la técnica de cultivo que mayor impacto tiene sobre la productividad del olivar, elevando de manera notable su rentabilidad. Desde el
IFAPA, junto con el Instituto de Agricultura Sostenible, asociaciones de regantes de olivar y la Caja Rural de Jaén, se trabajó intensamente en la determinación de las necesidades hídricas del cultivo, los momentos críticos relacionados con el estrés hídrico y el uso eficiente del riego deficitario.
La creación de numerosas comunidades de regantes de olivar supuso un hito en la agricultura, ya que los olivareros afrontaron importantes inversiones en instalaciones de riego de forma conjunta con el objetivo de incrementar la producción. En la actualidad, más de un tercio del olivar nacional recibe agua de riego y debe ser un objetivo común de la sociedad poder incrementar la superficie regada, ya que el olivo es uno de los cultivos con mayor eficiencia en el uso del agua, es decir, produce un retorno económico elevado por cada metro cúbico de agua aplicado.
Por otro lado, el paso de olivar de tres troncos a uno, unido al incremento de la densidad de plantación, fue la clave de la “moderna olivicultura” iniciada en los años 70, donde se consiguió mejorar notablemente la productividad del olivar moderno. Hoy día estamos inmersos en una nueva revolución en los modelos productivos del olivar, con la implantación de la olivicultura en seto asociada a la recolección con cosechadora integral. En este caso, la mejora de la rentabilidad no se consigue tanto por un incremento de la producción frente al olivar intensivo adulto, sino que está más relacionada con la reducción de costes y la dificultad de encontrar mano de obra en recolección, además de una mejor producción en los primeros años de vida. No obstante, estos sistemas, además de requerir una mayor inversión inicial, plantean algunos problemas agronómicos como la escasez de variedades que actualmente se adaptan al sistema, el manejo de la poda, su viabilidad en secano, los marcos idóneos para cada situación, etc.
Desde el IFAPA, junto con otros organismos de investigación y empresas privadas, se trabaja para resolver estos nuevos retos. La mejora genética ha dado frutos con la aparición de nuevas variedades adaptadas al seto que, desde finales de 2024, se comparan -tanto en riego como en secano- en una red de ensayos implantada en los Centros de Alameda del Obispo (Córdoba), Venta del Llano (Mengíbar, Jaén) y Rancho de la Merced (Jerez de la Frontera, Cádiz). Las densidades de plantación, los sistemas de poda y la respuesta de diferentes variedades de mesa a la recolección en seto son también objetivos de experimentación en el IFAPA, con diferentes ensayos de campo implantados en los últimos años que proporcionarán una valiosa información a corto y medio plazo.
