El olivo (
Olea europaea L.) en España está expuesto a una amplia diversidad de plagas y enfermedades, aunque sólo una fracción de ellas ocasiona pérdidas económicas de relevancia. Entre las plagas principales destacan la mosca del olivo (
Bactrocera oleae) y la polilla del olivo (
Prays oleae), responsables de los mayores daños en los frutos y de la consecuente reducción de la calidad del aceite, tanto en términos de rendimiento como de características organolépticas. Otras plagas como la euzófera (
Euzophera pinguis), diversas especies de cochinillas (
Saissetia oleae,
Parlatoria oleae), los perforadores de la madera (
Phloeotribus scarabaeoides,
Hylesinus oleiperda) o los ácaros eriófidos (
Aceria oleae) presentan una incidencia localizada y suelen estar asociadas a factores ambientales, desequilibrios fisiológicos de los árboles o prácticas de manejo inadecuadas. Las irregularidades climáticas, el uso continuado de herbicidas, las podas excesivas o la simplificación estructural del agroecosistema, particularmente la reducción de la biodiversidad funcional, pueden favorecer la aparición o expansión de estas plagas. Las estrategias de manejo preventivo son esenciales para mantener las poblaciones de plagas por debajo del umbral económico de daño. Entre las más relevantes se incluyen la correcta eliminación de restos de poda, la adecuada gestión del riego y la fertilización; así como el fomento de la fauna auxiliar mediante cubiertas vegetales o setos que incrementen la biodiversidad y la presencia de enemigos naturales.
En relación con las enfermedades, la verticilosis del olivo, causada por Verticillium dahliae, se considera la más destructiva, especialmente bajo condiciones favorables de humedad y temperatura. Otras enfermedades fúngicas de importancia son el repilo (Spilocaea oleagina) y la antracnosis (Colletotrichum spp.), ambas responsables de pérdidas significativas en producción y calidad del aceite. Entre las bacteriosis, la tuberculosis del olivo, causada por Pseudomonas savastanoi pv. savastanoi, puede alcanzar una elevada incidencia en variedades susceptibles o tras daños mecánicos y heladas. En los últimos años, la detección de Xylella fastidiosa en España ha suscitado una notable preocupación debido a su amplio rango de hospedantes y su potencial impacto económico y ecológico. No obstante, se han establecido marcos regulatorios estrictos, tanto a nivel europeo como nacional, que contemplan zonas demarcadas, medidas de vigilancia, control y erradicación. Hasta la fecha los daños en olivar han sido muy esporádicos y limitados.
En España coexisten tres sistemas de producción: el convencional, el manejo integrado de plagas y la producción ecológica. Aunque el primero continúa siendo mayoritario, las superficies bajo control integrado y ecológico muestran un crecimiento sostenido, en consonancia con las estrategias del Green Deal y Farm to Fork de la Unión Europea. Actualmente, el olivar constituye el principal cultivo ecológico del país, representando aproximadamente un tercio de la superficie total de cultivos permanentes certificados. El manejo integrado se consolida como la estrategia más sostenible a medio y largo plazo, al integrar técnicas de monitoreo, control biológico, prácticas culturales y un uso racional y selectivo de productos fitosanitarios, siempre bajo criterios de umbrales económicos. En este contexto, el empleo de sistemas de información, redes de alerta fitosanitaria y herramientas basadas en datos masivos (Big Data) y teledetección mejora la capacidad de diagnóstico y la toma de decisiones agronómicas.
Por otro lado, la resistencia genética representa un componente clave para el control sostenible de plagas y enfermedades. Hasta la fecha, este criterio ha sido escasamente incorporado en la selección varietal, aunque en zonas con alta incidencia de Verticillium dahliae se ha promovido el uso de variedades con niveles elevados de tolerancia o resistencia, como frantoio, empeltre y Changlot Real. En ese sentido, los programas de mejora genética serán fundamentales para el desarrollo de nuevas variedades más adaptadas y resistentes a las plagas y enfermedades existentes o que puedan emerger en el futuro.
En conjunto, el futuro de la sanidad del olivar en España dependerá de la combinación equilibrada de medidas preventivas, manejo agronómico racional, conservación de la biodiversidad funcional y aprovechamiento de la resistencia genética, asegurando una producción más sostenible, resiliente y alineada con los principios de la protección integrada y la sostenibilidad agroambiental.
