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Nuevas variedades como estrategia de adaptación al cambio: eficiencia y rentabilidad

Nuevas variedades como estrategia de adaptación al cambio: eficiencia y rentabilidad

Por Pedro Valverde y Carlos Trapero
Profesores del Departamento de Agronomía de la Universidad de Córdoba (DAUCO) y ETSIAM-UCO

La olivicultura, uno de los pilares de la agricultura mediterránea, se encuentra inmersa en una profunda transformación, consolidándose el sistema de olivar en seto en los últimos años como una de las estrategias más eficaces para garantizar la rentabilidad del cultivo. Al igual que ha ocurrido en otros sectores agrícolas, el incremento de los costes de producción y la escasez de mano de obra han impulsado la mecanización integral de las labores como vía imprescindible para asegurar la sostenibilidad económica de las explotaciones. Hoy resulta impensable la recolección manual de cultivos extensivos como el trigo, el algodón o incluso la vid, donde la mecanización es ya un estándar. En el olivar, aunque persiste cierta controversia derivada del arraigo cultural y simbólico del árbol, la evidencia demuestra que el sistema en seto ofrece una eficiencia y rentabilidad superiores.

Tradicionalmente, el agricultor ha seleccionado variedades de olivo orientadas a la productividad individual del árbol, favoreciendo individuos de elevado vigor. Como consecuencia, gran parte del germoplasma mundial presenta un porte poco adecuado para el cultivo en seto, donde la clave no radica en la producción por árbol, sino en la formación conjunta de un dosel continuo y equilibrado. Hasta hace poco tiempo, únicamente las variedades arbequina y arbosana mostraban una adaptación plenamente adecuada a este modelo, combinando alta productividad, rusticidad y excelente comportamiento agronómico, lo que facilitó la expansión global del sistema. Sin embargo, la limitada disponibilidad varietal impulsó la investigación en mejora genética, orientada al desarrollo de genotipos más adaptados a este sistema, con menor vigor y arquitectura más compacta.

Sabemos que la elección de la variedad de acuerdo a las condiciones edafoclimáticas es, sin duda, uno de los puntos clave para asegurar éxito del olivar en seto. En este contexto, la evaluación de nuevas variedades ha pasado a ser un objetivo estratégico del sector, especialmente ante la escasez de mano de obra y la necesidad de reducir las operaciones de poda y manejo. Fruto de este esfuerzo, ya se han incorporado al catálogo variedades como sikitita 1, sikitita 2 o sultana, que combinan bajo vigor, facilidad de manejo y, en algunos casos, resistencias específicas a patógenos, ampliando de forma significativa las opciones del agricultor.

Abordar la olivicultura del futuro exige también considerar el cultivo en condiciones de secano, un régimen que sigue siendo predominante en gran parte de la superficie olivarera mundial. En este sentido, el desarrollo de variedades de alta productividad y reducidas necesidades hídricas se perfila como uno de los grandes desafíos de la mejora genética. Si actualmente se dispone de unas diez variedades adaptadas al sistema en seto, es previsible que en los próximos 15 años esta cifra se duplique o incluso triplique, permitiendo seleccionar el material vegetal más idóneo para cada región. Esta diversificación no sólo optimizará la adaptación agronómica, sino que también enriquecerá la oferta de aceites de oliva, fortaleciendo la competitividad y la sostenibilidad global del sector olivícola.