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El mercado del aceite de oliva y el COVID-19: ¿Cómo afecta esta crisis a los principales países productores?

El mercado del aceite de oliva y el COVID-19: ¿Cómo afecta esta crisis a los principales países productores?

miércoles 08 de abril de 2020, 13:23h

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Consultores y expertos internacionales del sector del aceite de oliva abordan en exclusiva para Mercacei cómo está afectando la crisis del COVID-19 en algunos de los principales países productores.

Italia

El escritor, periodista, oleólogo y director de Olio Officina, Luigi Caricato, asegura que la crisis desencadenada por el COVID-19 no ha afectado significativamente al sector oleícola en este momento. Además, debido a que los italianos permanecen en sus hogares, el consumo de alimentos ha aumentado y muchos han hecho grandes reservas para hacer frente a esta situación.

Según Caricato, las empresas oleícolas han atendido las solicitudes de los grandes minoristas de manera ininterrumpida. “Se ha hecho mucho trabajo, sin embargo, no ha habido un gran aumento en el consumo”, precisa.

Según los datos de IRI Infoscan, solo se ha registrado un incremento del 2,1% en marzo. Si bien las grandes marcas en el sector oleícola no se han visto afectadas, las pequeñas y medianas empresas, que en algunos casos, abastecen a los supermercados, sí se han encontrado con problemas. “Al no tener contacto con los consumidores, a través de ventas directas, las pequeñas empresas de producción están sufriendo mucho en este período. Entraron en crisis porque el cierre forzado de los restaurantes interrumpió el flujo de ventas en el canal Horeca. Como consecuencia, aparte de las compañías líderes de venta a domicilio, que han aprovechado las ventajas del comercio on line de una manera estructurada y efectiva, las pequeñas empresas aún no pueden encontrar espacios comerciales adecuados”, subraya.

En cuanto al futuro, cree que todavía no hay proyectos definidos a la vista, lo que no es bueno para el sector. Además, apunta que la exportación se reducirá, debido a los problemas resultantes de la propagación del coronavirus.

“Hoy no es posible pronosticar el futuro y saber cuándo se volverá a la normalidad. Sin duda, será cuestión de planificar una estrategia común para las consecuencias inmediatas y cómo comenzar al menos después de la emergencia. No hay signos de esto hasta ahora. Cada empresa se mueve y planifica por sí misma, mientras que una programación compartida extendida a todos los países productores sería apropiada y necesaria”, considera.

A su juicio, es necesario garantizar que la inevitable crisis económica derivada del coronavirus no desmorone por completo los logros de las últimas décadas. “Todos estamos llamados a un punto de inflexión para dar un nuevo camino al consumo de aceite de oliva virgen extra, así como a todas la categorías de aceites de oliva. Se trata de comenzar de nuevo, con gran determinación y coraje, pero sobre todo con una visión común, participativa y compartida”, concluye.

Grecia

En cuanto a la situación en Grecia, el bróker especializado en el mercado griego Luigino Mazzei explica que en estos momentos no se ha registrado un aumento de los precios, tras el experimentado en el mes de febrero. “Desafortunadamente, Grecia no está tan organizada como España e Italia respecto a los datos relacionados con las existencias actuales y por lo tanto pasa por sensaciones. Todavía no conocemos la producción real de la campaña 2019/20, cuyas estimaciones se sitúan entre 240.000-250.000 toneladas. En comparación con las previsiones proporcionadas en septiembre, se prevén 30.000-40.000 toneladas menos en Creta debido a la lepra del olivo que causó una gran pérdida de producto y una mala calidad”, precisa.

En su opinión, teniendo en cuenta que el stock al comienzo de la campaña era casi insignificante, “podemos decir que el aceite de oliva disponible para la exportación a granel se sitúa en alrededor de 100.000-110.000 toneladas, de las cuales se estima que 40.000-50.000 toneladas se dirigieron especialmente a Italia (entre octubre y marzo) y algo para España”.

Según Mazzei, los remanentes disponibles para exportaciones a granel podrían situarse entre 50.000-60.000 toneladas hasta octubre, una cifra que podría variar ya que, a la luz de la propagación de la epidemia, existe preocupación en Grecia en lo que respecta al suministro de alimentos en general y, por lo tanto, también al aceite de oliva.

De hecho, apunta que en los últimos 10 días se ha registrado una caída en la oferta, lo que se puede atribuir al hecho de que en marzo los productores reciben la ayuda comunitaria. Además, según indica, otras causas es que en los días próximos a la Pascua la venta siempre se ha ralentizado con la esperanza de un aumento de los precios en el mes de mayo o que los exportadores, ante este clima de incertidumbre económica, prefieren tener aceite.

España

En el caso de España, según el consultor estratégico, analista oleícola internacional y profesor de la Universidad de Jaén (UJA) Juan Vilar, el confinamiento se traduce en una crisis coyuntural, tanto de oferta como de demanda, y dicho impacto en el sector de elaboración de aceite de oliva tendrá varias lecturas. En primer lugar, subraya que los hogares hicieron acopio, por lo que la demanda se incrementó, pero, a su juicio, esta situación tiene unos efectos perniciosos de forma posterior, ya que ese acopio invita a no volver a comprar aceite de oliva hasta terminar con las existencias de los hogares. En este sentido, la demanda caerá en estas semanas actuales y futuras.

Del mismo modo, cree que esta situación coyuntural está afectando a los ahorros de las familias, por lo que una vez concluida la crisis coyuntural, el consumidor, como en épocas de crisis habituales, manifestará un comportamiento de compra que en cierta medida excluirá, para algunos segmentos, la opción de compra de aceites de oliva, decantándose por otro tipo de grasas, especialmente el girasol.

Vilar afirma que hay que tener en cuenta que la restauración, colectividades y hostelería han quedado sin actividad, por lo que el consumo en este canal ha pasado a ser plenamente nulo. Posteriormente, este sector -que emplea casi a 2 millones de personas en España, lo que supone algo más del 6% del PIB nacional- va a contabilizar por mes unas pérdidas que superan los 3.000 millones de euros, por lo que cuando se reanude la actividad, ante una posición financiera límite, un amplio margen de dicho sector se orientará al consumo de otras grasas distintas al aceite de oliva de forma muy previsible.

Túnez

El agente comercial y bróker italiano Adriano Caramia explica que hasta ahora la propagación del virus ha sido bastante lenta gracias también a las medidas de distanciamiento social que el Gobierno tunecino adoptó de inmediato, destacando el sector del aceite de oliva entre los admitidos en la realización de actividades laborales.

Caramia señala que, por el momento, la cosecha de aceitunas, la elaboración de aceite de oliva y el comercio interno y de exportación no se han visto afectados por esta crisis sanitaria mundial, si bien “será necesario tener en cuenta los efectos a largo plazo que la pandemia tendrá en general en el tejido económico mundial y en particular en los países tradicionalmente consumidores de aceite de oliva”.

Según detalla, la cosecha de aceitunas está casi finalizada y una parte residual permanece en el área de Sfax durante aproximadamente quince días.

“Como no hay cifras oficiales, es difícil determinar exactamente la cantidad producida para esta campaña oleícola, pero podemos suponer una cantidad que oscila entre 350.000 y 380.000 toneladas”, detalla, al tiempo que afirma que la cantidad de aceite de oliva exportado desde el 1 de octubre ha sido importante y a finales de marzo –a la espera de recibir estadísticas oficiales- se prevé una cantidad de alrededor de 100.000 toneladas.

Marruecos

En cuanto a Marruecos, Noureddine Ouazzani, director de Agro-pôle Olivier, destaca que este país ha registrado en esta campaña 2019/20 una producción media e incluso más baja en comparación con la temporada precedente, por lo que las pocas exportaciones previstas fueron realizadas antes de la pandemia de COVID-19 (durante el mes de enero y principios de febrero).

Ouazzani explica que desde principios de marzo se ha registrado un impulso en la demanda de aceite de oliva en el mercado nacional, lo que obligó a algunos industriales a importar aceite de oliva, al no haber existencias entre los industriales que están acostumbrados a suministrar directamente al consumidor.

Por otro lado, para pequeñas exportaciones dirigidas a Italia o Francia, los compradores están obligados a posponer las transacciones, después del confinamiento.

Portugal

En Portugal -ha informado Alberto Serralha, CEO de Sociedade Agrícola Ouro Vegetal, S.A. (SAOV), productor y consultor internacional de aceite de oliva-, la crisis del COVID-19 ha causado cambios profundos, finalizando las operaciones dirigidas al canal Horeca, mientras que se ha registrado una explosión de ventas en lo que respecta a la demanda de supermercados. “El canal Horeca tendrá que hacer frente a meses muy duros, con muy pocas transacciones, mientras que en el caso de los supermercados, se espera una merma de ventas a corto plazo, ya que el consumidor ha realizado compras de aceite de oliva para un período largo de tiempo, por lo que llegará el momento en el cual estará sin comprar hasta bajar su stock”, explica.

A pesar del cierre de bares y restaurantes, Serralha cree que ante la posibilidad de que se coma más en los hogares, la población en general puede que incremente su consumo de aceite de oliva, ya que los restaurantes consumen más aceite de semillas que los hogares.

En este momento, “hay mas oferta que demanda en el mercado a granel en Portugal, quizá más motivado por falta de calidad que por el impacto del COVID-19”, concluye.