Hablar de rentabilidad en el sector del aceite de oliva virgen extra implica mucho más que hablar de precios o volúmenes. La rentabilidad real se construye a partir del valor percibido, de la capacidad de generar experiencias y de conectar con quien transforma el aceite en emoción: el cocinero o el consumidor. En este punto es donde nacen las estrategias ganadoras, aquellas que consiguen que el AOVE deje de ser una simple mercancía en un mercado saturado y, a menudo, injusto, para convertirse en un ingrediente deseado e imprescindible.
Durante años, el sector productor y el gastronómico han avanzado en paralelo, sin mirarse lo suficiente. Los productores hablan de acidez, polifenoles o cosecha temprana; los cocineros, de aromas, contrastes y armonías. Entre ambos existe un punto en común: el lenguaje del sabor. Comprenderlo y actuar como intérprete entre estos mundos es mi pasión, y también la base para construir un modelo que devuelva al AOVE el valor real percibido que merece.
En ese camino, las redes sociales se han convertido en el nuevo espacio para comunicar y conectar. Hoy, comunicar bien es tan estratégico como producir bien. Una marca que sabe contar su historia, mostrar su territorio y explicar cómo se usa su aceite en la cocina no sólo informa: inspira y genera confianza, lo que se traduce en ventas, fidelización y valor real. La rentabilidad digital consiste precisamente en eso: convertir la comunicación en valor económico y emocional.
Tender puentes entre el campo y la cocina es una necesidad estratégica. Cuando el productor logra que su aceite sea comprendido, valorado y utilizado con sentido en la cocina, amplía su mercado, fortalece su marca y posicionamiento comercial. Y cuando el cocinero descubre el potencial gastronómico de cada variedad y cada perfil sensorial, no sólo enriquece su propuesta culinaria, sino que refuerza su identidad y transmite al comensal el auténtico valor del producto que utiliza.
Las estrategias ganadoras para los productores pasan por transformar la comunicación técnica en un relato gastronómico. No se trata sólo de vender un aceite, sino de contar una historia que el cocinero pueda interpretar y llevar al plato. En este sentido, las RRSS permiten humanizar la marca, mostrar el proceso, poner rostro al productor y acercar el producto a su valor real. Crear contenido útil, estético y auténtico -como recetas, maridajes y colaboraciones con chefs- genera comunidad y multiplica el alcance de forma orgánica. Así, el marketing digital se convierte en una herramienta de rentabilidad tangible.
Por parte de los cocineros, la rentabilidad también nace del conocimiento. Entender el aceite como un ingrediente que aporta valor y emoción, y no como una simple grasa que genera costes, les permite elevar la calidad del plato sin incrementar el gasto. Un AOVE bien elegido intensifica sabores, sorprende y crea una experiencia sensorial. Comunicar en sala o en redes el origen y la elección del aceite aporta relato, transparencia y conexión con un consumidor cada vez más exigente y consciente.
Si algo he aprendido en mi trayectoria es que el futuro del AOVE será gastronómico y digital. Un aceite bien comprendido, bien comunicado y bien utilizado genera valor en toda la cadena: en el campo, en la cocina y en la mesa. Las estrategias ganadoras no se miden sólo en cifras, sino en la manera de conectar, emocionar y construir relaciones duraderas. Porque el futuro del AOVE se escribe con dos voces y, ahora también, con una pantalla que las une.
