La RAIF ha explicado que la biología de la mosca está fuertemente condicionada por la temperatura. Con el avance del invierno, el vuelo y la oviposición se ven limitados, y el desarrollo larvario se ralentiza. Aun así, en caso de condiciones ambientales con temperaturas suaves, como ocurre en algunos inviernos templados o en zonas abrigadas del litoral y valles interiores, pueden darse periodos en los que los adultos todavía vuelan, se alimentan y realizan puestas tardías. A su juicio, estas oviposiciones son menos abundantes que en otoño, pero pueden llegar a completar su ciclo si los episodios de suavidad térmica se repiten durante varios días. Esto significa que, incluso en diciembre, pueden coexistir en el campo frutos con larvas en diferentes estadios, así como pupas en fruto caído o suelo.
"El impacto más relevante de esta actividad residual recae sobre la calidad del aceite. Aunque la incidencia no sea elevada en número de frutos afectados, el ataque provoca procesos de degradación interna que incrementan la acidez, reducen la estabilidad y favorecen la aparición de defectos organolépticos en el aceite resultante. Además, el fruto picado madura y se ablanda más rápidamente, aumentando el riesgo de caída al suelo en episodios de lluvia o viento", ha añadido.
En este contexto, la RAIF ha apuntado que la Gestión Integrada de Plagas orienta todas las actuaciones hacia medidas culturales, ya que el uso de fitosanitarios no es adecuado en plena recolección y, además, no sería eficaz ante un ciclo larvario ya instalado en fruto.

Las principales recomendaciones para minimizar el impacto de la actividad residual de la mosca en diciembre son priorizar la recolección de las parcelas con mayor porcentaje de picada, evitando que las larvas completen su desarrollo y reduzcan la calidad del aceite; evitar dejar zonas sin recoger, especialmente bordes, linderos y áreas de difícil acceso, que suelen actuar como refugio invernal; retirar el fruto del suelo lo antes posible, ya que puede contener larvas y pupas que mantendrán la población hasta la primavera siguiente; realizar un manejo adecuado del suelo tras la recolección, mediante labores superficiales que faciliten la exposición de las pupas a depredadores y a las condiciones climáticas adversas del invierno; reducir al máximo el tiempo entre la recolección y la molturación, ya que el fruto picado evoluciona rápidamente hacia estados que comprometen la calidad del aceite; limpiar el fruto antes de su molturación, eliminando aceitunas con daños severos o signos de deterioro; controlar la humedad y ventilación de las aceitunas almacenadas temporalmente, evitando fermentaciones indeseadas; y revisar regularmente el nivel de infestación en parcelas tardías, para ordenar la recolección siguiendo criterios de riesgo y no solo de madurez.
Según la RAIF, aunque la actividad de la mosca del olivo en diciembre es residual, puede intensificarse en caso de condiciones ambientales con temperaturas suaves y conllevar pérdidas cualitativas relevantes. "La aplicación rigurosa de medidas culturales durante la recolección y las semanas siguientes es fundamental para minimizar el impacto de esta plaga en la calidad del aceite al final de campaña", ha concluido.