La fauna auxiliar se refiere un conjunto de insectos, ácaros, aves y otros organismos que actúan como depredadores o parasitoides de las especies que dañan los cultivos. Entre los más conocidos se encuentran las mariquitas, crisopas y avispas parasitoides, capaces de reducir poblaciones de pulgones, mosca blanca o lepidópteros. Estos organismos no solo contribuyen a disminuir la presión de plagas, sino que también ayudan a mantener la biodiversidad funcional del agroecosistema, según la RAIF.
La gestión integrada de plagas se basa precisamente en combinar distintas estrategias para mantener, entre otros objetivos, las poblaciones de organismos nocivos por debajo de niveles que causen pérdidas económicas. En este enfoque, la fauna auxiliar no sustituye completamente a otras herramientas, pero sí permite reducir de manera significativa la dependencia de productos químicos. "Esto no sólo repercute en una menor contaminación ambiental, sino también en una mejora de la salud del suelo, el agua y el propio agricultor", añade.
Según destaca, uno de los aspectos clave para fomentar la presencia de fauna auxiliar es la gestión del entorno agrícola. La implantación de cubiertas vegetales, setos o márgenes florales proporciona refugio y alimento a estos organismos beneficiosos. Estas estructuras actúan como reservorios de biodiversidad, facilitando que los enemigos naturales se establezcan y se mantengan a lo largo del ciclo del cultivo. Además, la RAIF resalta que la diversificación del paisaje agrícola contribuye a crear un entorno más resiliente frente a desequilibrios ecológicos.
No obstante, la incorporación efectiva de la fauna auxiliar requiere conocimiento y planificación. Así, considera fundamental identificar correctamente tanto las plagas como sus enemigos naturales, así como comprender sus ciclos biológicos y sus interacciones. "Un manejo inadecuado, como el uso indiscriminado de insecticidas de amplio espectro, puede eliminar tanto a las plagas como a sus depredadores, generando un efecto rebote que agrava el problema inicial. Por ello, la toma de decisiones debe basarse en el monitoreo constante del cultivo y en umbrales de intervención bien definidos", explica, al tiempo que asegura que la fauna auxiliar se convierte en un elemento diferenciador que aporta valor añadido a las producciones agrícolas.
Sin embargo, la RAIF apunta que la transición hacia sistemas basados en el control biológico puede implicar ciertos desafíos, como una mayor necesidad de seguimiento o una respuesta más lenta frente a brotes severos de plagas. Aun así, cree que estos inconvenientes pueden mitigarse con una correcta planificación y con el apoyo de asesoramiento técnico especializado.
En definitiva, "la fauna auxiliar representa una pieza clave en el control integrado de plagas, no solo por su eficacia, sino también por su contribución a una agricultura más equilibrada y sostenible. Apostar por su uso implica entender el cultivo como un ecosistema complejo, donde cada organismo cumple una función. En este escenario, el agricultor deja de ser un mero aplicador de tratamientos para convertirse en un gestor del equilibrio natural, capaz de aprovechar los recursos que la propia naturaleza", concluye.