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Recomendaciones para el manejo adecuado de los restos de poda en el olivar y la prevención del barrenillo

Recomendaciones para el manejo adecuado de los restos de poda en el olivar y la prevención del barrenillo

viernes 10 de abril de 2026, 12:58h

La Red de Alerta e Información Fitosanitaria de Andalucía (RAIF) ha destacado que, a medida que van finalizando las tareas de recolección en el cultivo del olivar, comienzan una serie de labores de gran importancia al inicio de una nueva campaña, entre ellas la poda. En este contexto, recuerda la necesidad de realizar una correcta gestión de los restos del material vegetal, que ha sido retirado del cultivo y que permanece esparcido por el suelo de la parcela, para evitar la proliferación de plagas como el barrenillo, que se dirige principalmente a ramas con un diámetro de entre 5 y 10 cm. para realizar la puesta.

Este insecto pasa el invierno en estado adulto, resguardado en galerías que excava en la unión de hojas y pequeñas ramas. Con la llegada de la estabilidad atmosférica al final del invierno, que suele coincidir con las labores de poda, los adultos salen de sus refugios y se dirigen a maderas con bajo movimiento de savia, como las procedentes de la poda o las de árboles decrépitos afectados por patógenos que han reducido su vitalidad. Una vez instalados en ellas, se produce el apareamiento y tanto el macho como la hembra excavan galerías donde depositan las puestas.

El ciclo biológico continúa y, en el mes de mayo, aparecen los nuevos adultos, que abandonan estas galerías y se dirigen a los olivos cercanos. Allí realizan galerías nutricias, localizadas en la unión de hojas y frutos con pequeñas ramas, lo que provoca la pérdida directa de producción debido a la caída de frutos y a la rotura de la parte final de los brotes, reduciendo así la producción de la campaña siguiente, según precisa la RAIF.

Para evitar esta incidencia en el cultivo, considera fundamental actuar con rapidez y, en caso de observarse orificios de entrada del barrenillo en ramas dañadas por adversidades climáticas, proceder a la poda y destrucción de los órganos afectados, así como a la retirada o eliminación de todas las ramas procedentes de la poda. Aquellas que vayan a ser aprovechadas para un uso posterior deben almacenarse en lugares herméticamente cerrados, entre el 1 de mayo y el 31 de octubre.

En este sentido, la RAIF destaca que estas recomendaciones no son recientes, sino que se apoyan en una base normativa consolidada. Según se recoge en la Orden de 2 de noviembre de 1981 de la Comunidad Autónoma de Andalucía -una referencia que, lejos de resultar obsoleta, evidencia la anticipación y vigencia de los criterios de sanidad vegetal en el manejo del olivar-, dichos lugares podrían ser los siguientes: leñeras de obra civil, techadas al menos con cielo raso, con puertas y ventanas tabicadas; zanjas o trincheras, en las que la leña quede cubierta con un espesor mínimo de 25 cm .de tierra; y albercas, en las que la leña quede completamente cubierta por el agua.