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Una nueva etapa en la consolidación del oleoturismo

Una nueva etapa en la consolidación del oleoturismo

lunes 19 de abril de 2021, 10:30h

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Los cambios en el comportamiento de la demanda turística provocados por la pandemia del COVID-19 deben suponer el inicio de una nueva etapa para el oleoturismo, en la que se debería producir la definitiva consolidación de esta tipología en los principales mercados de origen nacionales y su salto a los mercados internacionales.

En efecto, la tendencia hacia los viajes de proximidad y la búsqueda de destinos libres de masificación, saludables y seguros, hacen prever que, en cuanto se inicie la recuperación, los turistas optarán por destinos rurales y de naturaleza que cuenten con recursos de enorme potencial para atraer a una demanda ávida de experiencias atractivas e innovadoras.

Los analistas de tendencias ponen de manifiesto que, tras la pandemia, los turistas buscarán convertir sus viajes en experiencias más significativas, y procurarán mayores niveles de desarrollo personal, descubrimiento, aprendizaje, reto e inspiración.

En este nuevo contexto, el oleoturismo tiene todas las características para garantizar un viaje evocador y sensorial a través del mundo rural. Y, por supuesto, las almazaras y explotaciones olivícolas, así como el resto de infraestructuras y equipamientos vinculados con esta tipología turística, tienen una excelente oportunidad para diversificar su estructura productiva y, sobre todo, para generar cultura de consumo del aceite de oliva, especialmente del AOVE, potenciando que los oleoturistas se conviertan en auténticos prescriptores de la marca.

El oleoturismo tiene todas las características para garantizar un viaje evocador y sensorial a través del mundo rural

Cabe recordar que el oleoturismo puede definirse como un viaje de ocio, o de negocios, que requiere necesariamente, al menos, de una pernoctación por parte del viajero, cuyo desplazamiento está motivado por el conjunto de actividades cuya base es el aceite de oliva y la cultura, el patrimonio, el paisaje y las costumbres de la población que giran a su alrededor.

Los estudios que venimos realizando en el Observatorio Internacional de Oleoturismo, que desarrollamos en la Universidad de Jaén, ponen de manifiesto dos cuestiones que son de interés a la hora de hacer referencia al futuro del oleoturismo. En primer lugar, que un porcentaje todavía importante de los flujos de visitantes que actualmente genera este tipo de actividad no corresponden a turistas, sino a excursionistas, es decir, que se trata de visitantes que no pernoctan en el lugar donde realizan oleoturismo. Ello es muy significativo, ya que tiene consecuencias negativas importantes sobre el territorio, en la medida en que se constriñe el llamado “efecto multiplicador del turismo”. Por tanto, sería conveniente incrementar el número de turistas, en detrimento del número de excursionistas.

La segunda cuestión es que, en general, las almazaras y explotaciones olivícolas aún están en una fase muy incipiente respecto al desarrollo de su oferta de oleoturismo y que tienen un desconocimiento importante de lo que realmente significa y, sobre todo, puede significar, esta tipología para su negocio e, incluso, para el territorio en el que están instaladas. De hecho, la mayoría se han limitado a adaptar sus instalaciones con el objetivo de recibir visitas y poder realizar dentro de ellas algunas actividades básicas, como catas, talleres, degustaciones, etc.

Eso no diferencia una oferta singular y, por tanto, en la medida en que más almazaras, explotaciones olivícolas, museos o centros de interpretación entren en el negocio del oleoturismo, la simple visita y cata se quedará en nada, será una mera oferta básica sin atractivo e interés. Se convertirá, por tanto, en una commodity.

Pero el oleoturismo ofrece muchas más oportunidades para potenciar la actividad principal (la producción y comercialización de aceite de oliva) y fortalecer la capacidad de competir de la almazara o explotación olivícola, al permitirle reducir la estacionalidad, generar barreras de entrada a través de la singularización de su oferta y fidelizar al cliente.

Es necesario que la oferta oleoturista traspase las fronteras de la almazara o explotación olivícola y se entrevere con la identidad de cada territorio

Por tanto, quienes realmente quieran aprovechar estas oportunidades, deben asumir que el turismo es una actividad muy competitiva y muy compleja, y deberán dar un paso más, incorporando a su plantilla a profesionales de este sector que asuman el reto de posicionar sus instalaciones como auténticos santuarios para la práctica de múltiples experiencias en las que el oleoturista experimente el placer del sabor, olor, tacto, vista y sonido.

Hay que reconocer que una visita a una almazara y una cata, para no especialistas, como es el caso de los turistas, son atractivas la primera vez, incluso puede que una segunda. Pero ya está. Pasada la novedad, una oferta de oleoturismo basada en una visita y una cata se queda coja, pierde atractivo. De ahí, la necesidad de ser innovador y creativo, aprovechando todas las oportunidades que ofrece el territorio.

Por tanto, es necesario que la oferta oleoturista traspase las fronteras de la almazara o explotación olivícola y se entrevere con la identidad de cada territorio, con su paisaje, con su cultura popular, con su gastronomía, con su patrimonio, etc., de manera que se puedan generar ofertas singulares, diferenciadas, que atraigan el interés de los potenciales turistas.

El principal reto de almazaras, explotaciones olivícolas, museos, centros de interpretación, etc. está en aprovechar la coyuntura actual, generada por la pandemia de la COVID-19, y las oportunidades que para el turismo rural se derivan de esta situación, para dar ese salto cualitativo, pasando de una mera oferta básica a una oferta más compleja que satisfaga las expectativas y necesidades del actual cliente.

Para ello, es necesario realizar un esfuerzo significativo por asumir la idiosincrasia del sector turístico, que es tremendamente diferente a la del aceite de oliva, y por adoptar los principales cambios en los que se verá inmersa la actividad turística durante las dos próximas décadas, manteniéndose en un proceso continuo de reinvención y de innovación.