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Olivar tradicional y Ley de la Cadena Alimentaria: ¿Son compatibles?

Olivar tradicional y Ley de la Cadena Alimentaria: ¿Son compatibles?

miércoles 20 de mayo de 2020, 13:18h

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El gerente de Laboratorio Tello, Juan Antonio Tello, reflexiona en este artículo en exclusiva para Mercacei sobre la rentabilidad del olivar tradicional y las claves para su subsistencia, que puede verse amenazada por normativas como el Real Decreto-ley 5/2020, que modifica la Ley de la Cadena Alimentaria con el fin de mejorar la posición negociadora y lograr el justo reparto de los costes generales.

Al Real Decreto-ley 5/2020 podremos criticarle muchas cosas, a pesar de sus buenas intenciones, pero el mérito del debate general que ha originado no podemos negárselo. De todas formas, aunque comentaré después brevemente uno de sus aspectos más polémicos, no es el motivo que me anima a escribir estas líneas.

“¿A alguien se le ocurre una mejor idea para darle la puntilla a nuestro olivar tradicional que reconocer que los precios que ahora tenemos (1,70 euros/kg. de media) cubren los costes de producción?”

Quiero empezar por nuestro olivar tradicional, que aunque por estar en la zona de España en la que casi seguro más presencia tiene (Jaén) podamos definirle de muchas maneras, elegiría una especialmente preocupante y que hace poco se citó: todo aquel que no subsistiría sin la ayuda de las subvenciones y que, según esa reciente cita en prensa, podría representar bastante más del 90% del olivar jiennense, lo que en campañas buenas podría representar casi, o más, alrededor de 600.000 toneladas de aceite de oliva sólo en nuestra provincia. Esta cifra podría verse muy incrementada si añadiésemos las grandes extensiones del mismo tipo de olivar en otras muchas provincias andaluzas y de otras Comunidades. ¿Podría llegar hasta casi 1.300.000 toneladas en campañas medias/altas? Dejo estas cifras en manos de los consultores que las dominan mucho mejor que yo. De todas formas, sí me vale esta humilde aproximación para centrar el objetivo de estas líneas: se trata de una elevadísima cifra que nos habla de la importancia de este tipo de cultivo, las extensión tan enorme en miles de hectáreas que supone, y sobre todo, que de su rentabilidad depende una parte importante de los ingresos de miles y miles de agricultores y, en muchos casos, su subsistencia.

Centrado el problema -y siendo un asistente asiduo de los debates que se realicen sobre cualquier asunto relacionado con nuestro sector- tengo la impresión de que en muy pocas ocasiones se habla de él con la profundidad de análisis que exige su volumen y repercusión social.

El sector es cada vez más amplio, no sólo en nuevas plantaciones que, por cierto, agravan nuestra situación por su alta “modernidad”, sino también por el perfil de las empresas que lo componen, países que desembarcan, empresas distribuidoras, perfiles de consumidores, pautas de consumo, etc., sin olvidar la complejidad legal que no deja también de afectarnos. Todo esto y más, no hace sino dejar cada vez más obsoleto ese concepto de tradición del que tanto presumíamos y acrecienta la necesidad de segmentarlo de tal manera que los intereses de todos se encuentren bien representados.

La mayor parte de esos muchos debates a los que asisto, con ponentes de alta cualificación y con temas de rabiosa actualidad, pecan de ser demasiado generalistas, abordando asuntos de ámbito muy general y de gran importancia como es esa Ley de la Cadena Alimentaria; las políticas de precios; los países emergentes, tanto productores como consumidores, con sus leyes favorecedoras unas y restrictivas otras (aranceles en Estados Unidos, por ejemplo); y otros muchos de gran importancia, pero sin diferenciar la enorme brecha de rentabilidad que hoy existe entre ese olivar tradicional y el que hemos denominado moderno; el desinterés que noto al ignorar esta brutal diferencia, hace que aspectos que para unos sean desastrosos, para otros no lo sean, y que decisiones que para unos suponen oportunidades, para otros apunten hacia una ruina segura. Y de aquí surge mi más contundente conclusión: defender de forma general al tradicional es enriquecer al moderno, y defender al moderno suele llevar a la ruina al tradicional. De forma general, el mensaje para uno debe ser totalmente distinto que para el otro, sin dejar a un lado los asuntos que también incumbe a ambos cultivos.

“Defender de forma general al olivar tradicional es enriquecer al moderno y defender al moderno suele llevar a la ruina al tradicional”

Me toca estar en el meollo del olivar tradicional, para el que creo absolutamente necesario una plataforma de debate, estudio y defensa completamente propia, que no significa que sea independiente del resto, porque repito, existen muchos asuntos que nos afectan a todos, como la tendencia del consumo, la inversión en promoción, la defensa de los intereses generales tanto en la UE como en el resto de países, etc. Siempre existirá esta necesidad de defensa de intereses comunes para todos, pero sin eclipsar la que de verdad nos afecta muy directamente a nosotros: la subsistencia.

¿Qué podría hacerse en este sentido? Primero generar ese marco general donde fundamentalmente se discutan en profundidad problemas que afecten sólo a este olivar tradicional y que, de forma general, fomenten estudios y acciones cuyo objetivo fundamental sea preservar su subsistencia garantizando una renta digna.

También es necesario generar confianza en la población joven para que no abandone la propiedad que heredan de sus mayores ante la falta de un futuro y buscar su diferenciación resaltando sus ventajas de cara al consumidor para que pueda valorar y aceptar un precio superior al resto.

¿Realmente son posibles estos objetivos? Sin lugar a dudas, el primero porque depende sólo de nuestra voluntad, y el resto y otros tantos porque una vez identificado el problema que de forma especial nos afecta, lo siguiente es ponernos a solucionarlo.

Estas son algunas ideas:

  • El olivar tradicional produce un aceite de oliva calificable de más saludable que el resto, por ejemplo, por su mayor cantidad de polifenoles saludables: estamos participando en un proyecto donde se investigan maneras de aumentar de forma natural éstos y otros productos relacionados con la salud.
  • Fija mucha población en el entorno rural, con los enormes beneficios sociales que eso acarrea y que la UE favorecería y la sociedad también.
  • Es beneficioso para el medio ambiente, fijador de CO2, barrera frente a la desertización, patrimonio cultural, etc., sin duda muy agradecido socialmente.
  • Investigación de líneas de mecanización adaptadas a sus particularidades.
  • Proyectos de explotación conjunta que mejorarían la viabilidad de pequeñas parcelas cuyos herederos ven como inviables. En este caso cito, porque fue el primero a quien le escuché hablar de estas interesantísimas ideas, a mi querido amigo Antonio Ruz, gerente de la cooperativa San Roque de Arjonilla.
  • En definitiva, una mejor y más profesional defensa de sus intereses y difusión de sus singularidades.

Sin duda, una más sosegada recapitulación de singularidades enriquecería este primer avance de oportunidades.

“Es absolutamente necesaria una plataforma de debate, estudio y defensa completamente propia del olivar tradicional”

Y creo de verdad, que si hay algo reciente que hace cada vez más necesaria la reflexión sobre todo esto es el nuevo Real Decreto-ley 5/2020 que regula ciertos aspectos sobre la cadena alimentaria, especialmente el contenido de su Artículo 12 ter. sobre “destrucción de valor en la cadena”, que merece la pena entender el alcance que esa obligación nos puede acarrear.

¿A alguien se le ocurre una mejor idea para darle la puntilla a nuestro olivar tradicional que reconocer que -firmando en cada uno de los contratos de compraventa de nuestros AOVs- los precios que ahora tenemos (1,70 euros/kg. de media) cubren los costes de producción? ¿Qué argumentos vamos a utilizar para defender que nuestros costes reales se sitúan alrededor de los 2,5 euros/kg. si debemos firmar 1,70 euros/kg., porque si no lo hacemos, no lo podemos vender? Con este requisito, o claudicamos, o ¿a quién le vamos a vender nuestros aceites?

Llevo 30 años escuchando quejas sobre nuestro olivar tradicional y he visto muy pocas acciones que, de verdad y como único objetivo, defiendan y diferencien sus propios intereses, que sin duda los tiene y que llegarían al consumidor final si se los comunicáramos adecuadamente, permitiéndole entender por qué un virgen puede costarle 2 euros y otro 3 euros. Si no lo hacemos, y ante la ausencia de ventajas diferenciadoras, apostará por el de 2 euros y no lo considerará como lo que es, un verdadero lujo organoléptico y saludable para quien lo consume. Además, no se lo transmitirá a sus hijos y más pronto que tarde iremos desapareciendo y tirando por la borda el trabajo y legado de nuestros antepasados y parte importante de nuestros ahorros.

ARTÍCULO DE OPINIÓN

JUAN ANTONIO TELLO

Gerente de Laboratorio Tello