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La acelerada banalización del producto pone en peligro el sector del aceite de oliva en España

La acelerada banalización del producto pone en peligro el sector del aceite de oliva en España

miércoles 05 de septiembre de 2018, 13:17h

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El aceite de oliva está sometido en España a un proceso acelerado de banalización, de desprecio de su valor real, que pone en peligro el futuro de todo el sistema agrario e industrial vinculado a este producto. Esta es la principal conclusión de un informe elaborado por el Instituto Coordenadas de Gobernanza y Economía Aplicada sobre la viabilidad del sector oleícola en España.

El informe señala con rotundidad que el aceite de oliva español no tiene futuro si se mantiene la actual estructura comercial orientada exclusivamente a competir por precio, siempre a la baja, eliminando cualquier valor añadido de este excepcional producto. La banalización del aceite de oliva como una commodity en el campo de las grasas es una tendencia “suicida” en la que están implicados muchos actores, señala el informe del Instituto Coordenadas.

Así, el texto apunta hacia el propio sistema comercial como uno de esos actores. El aceite de oliva como un producto reclamo o gancho para atraer compradores a las grandes superficies comerciales es una estrategia que elimina cualquier valor añadido que pueda aportar el aceite -detalla el estudio- y constituye uno de los elementos básicos de la banalización del producto. Una banalización que, según el Instituto Coordenadas, se manifiesta en el protagonismo que tiene el aceite de oliva dentro de la marca blanca. Cabe destacar que el 62% del aceite de oliva que se vende en España es a través de marca del distribuidor.

Otro actor implicado en la banalización del aceite de oliva es, según el mencionado texto, el propio productor, que no muestra en general una sensibilización por producir aceite de oliva de máxima calidad. El informe del Instituto no ahonda en las causas, si bien se limita a constatar que casi la mitad de la producción de aceite de oliva en España corresponde a aceite lampante, no apto para consumir tal y como sale de la almazara. Tan sólo las categorías de aceite de oliva virgen extra y virgen pueden aspirar a protagonizar una valorización del producto, señala el estudio.

El tercer actor implicado en el proceso de banalización del aceite de oliva es el propio consumidor. El citado informe revela que ni siquiera el 10% de los consumidores de nuestro país son capaces de identificar las diferencias entre un aceite de oliva refinado, un virgen y un virgen extra. Todas ellas se consideran aceite de oliva y lo que realmente importa es el precio a la hora de comprar. El aceite de oliva no se percibe como producto de calidad y el consumidor considera comprarlo si no sube demasiado su precio; si lo hace, recurrirá al girasol, subraya el documento.

Para Jesús Sánchez Lambás, vicepresidente ejecutivo del Instituto Coordenadas, “es imprescindible frenar el proceso de banalización y exigir la protección de este producto desde las administraciones con competencia para generar valor añadido y excelencia. Debemos involucrar a todos los sectores afectados. El aceite de oliva es sinónimo de cultura, un producto singular de nuestra agricultura, cuya producción a nivel mundial lideramos. Necesita ofrecer la máxima calidad para sustentar cualquier operación de revalorización y de reputación”.